La fe
“El primer principio del evangelio es la fe en el Señor Jesucristo”. Esta es la fe salvadora, porque todo aquel que cree en el Hijo de Dios, y vive conforme a sus mandamientos, tiene la vida eterna.
La fe verdadera va mucho más allá de la simple creencia, e involucra todos los aspectos de la vida humana, de modo tal que puede dar un testimonio y una respuesta a todo aquel que pretendiera decirle: “muéstrame tu fe sin tus obras”. Santiago 2:18.
El simple hecho de creer no es de por sí una señal de fe salvadora, porque también los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19).
Alma 32:21 (El Libro de Mormón), nos aclara que la fe no es tener conocimiento perfecto de las cosas. Tener fe es tener esperanza en cosas que no se ven, pero que son verdaderas, a la manera en que Abraham creyó a Dios cuando escuchó la promesa “…multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar…” Génesis 22:17. Fue de este modo, con esta fe, que Abraham se constituyó en el padre de la fe del pueblo de Israel.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona), ejerce además una firme fe en Dios el Padre Celestial, el Espíritu Santo, el poder de las llaves del Sacerdocio y en las verdades reveladas y que conciernen al evangelio restaurado.
El Libro de Mormón nos habla de la Liahona, un instrumento que señalaba el camino y proporcionaba conocimiento espiritual a Lehi.
Era una esfera de bronce, similar a una brújula, que había sido provista divinamente por el Señor para conducir a su pueblo.
En 1 Nefi 16:28-29 (El Libro de Mormón), encontramos una enseñanza de gran importancia para nuestra vida, porque nos dice que la Liahona funcionaba “de acuerdo con la fe, diligencia y atención” que ellos manifestaban.
También aparecía en este instrumento una escritura de fácil interpretación, que les proporcionaba conocimiento sobre las vías del Señor. Y esta escritura también aparecía y cambiaba según la fe que los nefitas mantenían en sus corazones.
Sin fe, nuestra vida tampoco tiene propósito, rumbo ni orientación. No hay camino y mucho menos destino promisorio para el incrédulo.
Pero lo más importante es que nadie tiene argumentos o excusas válidas para justificar su falta de fe, porque la Creación misma proclama a gritos la grandeza del Dios Eterno.
A medida que aumentamos nuestra fe, aumentamos también nuestra capacidad para bendecir la vida de otras personas, principalmente al dotarnos de caridad y testimonio para hacerlas partícipes del mensaje de salvación en Jesucristo.
En el capítulo 12 del libro de Éter (El Libro de Mormón), encontramos una clara exposición de la importancia de nuestra fe, y Moroni nos entrega una preciosa enseñanza sobre el valor de la misma, citando ejemplos de milagros maravillosos.
Éter explica que la manifestación de Jesucristo a sus padres, fue debido precisamente a la fe que ellos ejercieron. Los de la antigüedad, como los de ahora, fueron llamados por la fe, porque este es el santo orden de Dios. Y también por la fe se hicieron todos los milagros que relatan las escrituras para llamarnos a la conversión.
“Y en ningún tiempo persona alguna ha obrado milagros sino hasta después de su fe; por tanto, primero creyeron en el Hijo de Dios”. Éter 12:18 (El Libro de Mormón).