TESTIMONIOS: La convicción que nos otorga el Espíritu Santo, junto al poder de proclamarla.
La vida de un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona), es una vida caracterizada por la abundancia de testimonios personales.
Experimentando la gracia salvadora de Cristo, y la autenticidad del mensaje proclamado por la Iglesia, como así también la legitimidad de sus Escrituras, es conducido por el poder del Espíritu Santo a declarar públicamente su íntimo convencimiento y su experiencia personal.
Del mismo modo que las Escrituras testifican de Cristo, así también el SUD testifica de ellas, por el poder de Dios (DyC 46:7).
Nuestro Redentor se complace en el testimonio de sus hijos, y Él mismo dispuso que otras personas corroboraran la autenticidad del Libro de Mormón. La Introducción de este Libro divinamente inspirado, pone a disposición de todo buscador el testimonio de estos testigos.
La veracidad del Libro de Mormón, es el testimonio que con mayor frecuencia encontramos entre los Santos de los Últimos Días, y eso es el resultado de la obediencia y la oración; de poner en práctica el consejo de Moroni 10:4-5 y preguntar a Dios, el Eterno Padre, si las palabras que contiene ese Libro son verdaderas.
Nuestro Padre Celestial es fiel, y se complace en conducir a sus hijos hacia la verdad y la perfección. Por eso es una alentadora realidad ver que tantos miembros de la Iglesia Mormona han podido conocer la verdad respecto a sus Escrituras “por el poder del Espíritu Santo”.
Este mismo testimonio será, sin lugar a dudas, la proclamación de todo buscador sincero, que se acerque al Libro de Mormón con sinceridad de corazón.
La confirmación de la verdad viene a nosotros junto con una profunda paz en nuestra mente y corazón, y sabemos entonces que el Señor nos está respondiendo.
Cuando vivenciamos una experiencia semejante, nada en el mundo puede detener nuestro testimonio, y esa fue precisamente la realidad del profeta José Smith, quien dijo: “Aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto”.
La realidad no ha cambiado para nosotros, y el mundo siembra prejuicios y calumnias por doquier, y de toda índole, que pretenden destruir la Obra de Dios y la Restauración del Evangelio sobre la tierra. Pero hemos recibido el mandato de no avergonzarnos de dar testimonio de nuestro Señor y nuestra fe.
Tengamos en cuenta que siempre será el Espíritu Santo quien está dando verdaderamente el testimonio, por medio de nosotros. Tratemos, pues, de ser buenos instrumentos, y de ser obedientes al mandamiento divino: “Me seréis testigos” Hechos 1:8.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, edificada sobre apóstoles y profetas, constituye el testimonio viviente al mundo, hasta que Jesucristo regrese.
Quien esto escribe testifica que El Libro de Mormón es verdadero, que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la única y verdadera Iglesia de Jesucristo sobre la faz de la tierra, que posee las llaves del Sacerdocio, ha sido establecida por el Eterno Dios; y que José Smith es un auténtico profeta, vidente, revelador y apóstol de la Iglesia Restaurada por Jesucristo.
“Y esto no es todo. ¿No suponéis que sé de estas cosas yo mismo? He aquí, os testifico que yo sé que estas cosas son verdaderas. Y, ¿cómo suponéis que yo sé de su certeza? He aquí os digo que el Santo Espíritu de Dios me las hace saber. He aquí, he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mi mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado por su Santo Espíritu. ¡Y éste es el espíritu de revelación que está en mí!” Alma 5:46 (El Libro de Mormón).