Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre; que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.

D&C 76:22-4

LOS MANDAMIENTOS DE DIOS: Obedecerlos nos trae las bendiciones de Dios.

“Oye Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”. “De estos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

Esta es la respuesta perfecta que nuestro Redentor Jesucristo dio a un fariseo escriba, intérprete de la ley. La pregunta estaba llena de soberbia y maledicencia. Era la pretensiosa intención de un maestro de la ley, de encontrar algún error doctrinal en las palabras de Jesús.

La pregunta llena de astucia pretendía confundirlo, debido a que los judíos habían dividido, subdividido e incorporado gran cantidad de reglas a la ley.

Pero la respuesta que recibió obligó al fariseo a reconocer con humildad que se ajustaba plenamente a la justicia de Dios y revelaba su sabiduría. A partir de ese momento, los judíos comenzaron a evitar la formulación de nuevas preguntas a Jesús.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (también conocida como Iglesia Mormona), aprendemos de los apóstoles y profetas que la motivación más grande que tenemos para obedecer los mandamientos de Dios, es el amor. Amor como origen y finalidad de nuestra etapa de probación en la tierra.

La desobediencia a los mandamientos de Dios, constituye en última instancia un abuso de nuestra libertad para elegir, que conduce irremediablemente al fracaso y a la perdición, porque la finalidad de éstos es permitirnos asemejarnos a nuestro Padre Celestial, enseñándonos a amar como Él ama, a ejercer misericordia como Él ejerce de continuo para con toda su Creación, permitiéndonos de ese modo transitar exitosamente nuestro camino hacia la perfección. Esta es la victoria prometida a todos los fieles hijos de Dios.

Nuestro Padre Celestial no desea que ninguno de sus hijos perezca, y por eso nos concede su gracia para que podamos cumplir y obedecer sus mandamientos, los cuales sabemos además que no son gravosos.

La única manera que tenemos a nuestro alcance de manifestar nuestro amor a Jesucristo, y nuestra gratitud por habernos redimido, es cumplir sus mandamientos (Juan 14:15 – DyC 42:29).

Guardar los mandamientos de Dios, tiene promesa de vida eterna, como también garantiza que lo que pidamos en fe y esté en conformidad con su voluntad lo recibiremos de sus manos.

El estudio diligente de las Escrituras nos anima y establece firmemente en la senda de la obediencia al Señor, porque en ellas encontramos abundantes relatos de personas obedientes, y esos testimonios nos ponen de manifiesto que verdaderamente la obediencia trae bendición a nuestras vidas, y es el único camino que nos permite alcanzar la salvación (DyC 18:46).

Estas demandas y leyes que nuestro Padre Celestial ha establecido para los hombres, son principios sempiternos e inmutables, y con esa premisa en nuestras mentes y corazones debemos guardarlos. El Libro de Mormón nos revela las palabras que Lehi dijo a su hijo Lemuel: “¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!”.

Este mismo llamado, este mismo clamor lleno de amor por las almas es el que proclama al mundo La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona), llevando al mundo la voz de los profetas, que continúa resonando en el eco de los tiempos, mostrando a los hombres que solo hay salvación en Jesucristo, y que accedemos a ella ejerciendo fe en su Nombre, y obedeciendo los mandamientos.

1 comentario

  1. carmen dice:

    estoy muy agradecida de nuestro padre celestial que haya llegado a mi vida el evangelio verdadero y las muchas bendiciones

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