Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre; que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.

D&C 76:22-4

AYUDA HUMANITARIA: Una respuesta desde la fe, a las necesidades de nuestro prójimo.

La caridad es amor a Dios y al prójimo, virtudes que deben caracterizar la vida de todo Santo de los Últimos Días.

Leemos en El Libro de Mormón, que los nefitas tenían todas las cosas en común, y por eso no existía entre ellos la diferenciación entre ricos y carenciados (4 Nefi 1:3).

La realidad mundial ha experimentado tan grandes cambios y transformaciones, que este estilo de vida que podemos considerar como ideal, ha debido abandonarse. Como consecuencia, ha aumentado la cantidad de personas que experimentan sobresaltos e inestabilidades en su economía familiar, que escapan a sus posibilidades de controlarlas. Al mismo tiempo, “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una sufre dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22), es constante y permanente la aparición de calamidades sorpresivas en diferentes lugares, que derivan en angustiosas situaciones de crisis, que suelen superar toda previsión.

Fiel al mandato de prodigar ayuda al prójimo en necesidades como las expuestas, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, (Iglesia Mormona), se caracteriza por brindar una amorosa respuesta de solidaridad, para mitigar el dolor del prójimo y servir de canal para la manifestación de la misericordia de Dios. En tales circunstancias, los hombres perciben que mas allá de la situación que atraviesan, nuestro Padre Celestial no se ha olvidado de ellas, y está tendiéndoles una mano para que puedan levantarse otra vez, por medio de los SUD que les asisten, y quienes a su vez reconocen que al servir al prójimo, están sirviendo a Dios.

La obra humanitaria que lleva adelante la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, no es otra cosa que amor puesto en acción, para aliviar las necesidades de quienes son visitados por la adversidad. Y en sus acciones se ven reflejados los grandes principios escriturarios que nutren la vida de todo SUD.

Una de las virtudes cristianas que debemos ejercitar, es la de ser buenos mayordomos de nuestro Padre Celestial, quien es el verdadero y legítimo propietario de todas las dádivas que recibimos.

El Señor prometió a los nefitas que la observancia de los mandamientos les haría prosperar (Mosíah 1:7 – El Libro de Mormón). Pero también sabemos que la prosperidad y la abundancia constituyen una prueba. Solo un corazón que abriga verdadera virtud, puede permanecer estable en su fidelidad a Dios, tanto en la riqueza y abundancia, como en la pobreza.

También aprendemos en El Libro de Mormón, que algunos pueblos pueden caer y detenerse en su progreso, debido precisamente a la prosperidad mal comprendida (Alma 4:6).

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ejercita el sano equilibrio entre la prosperidad y la sensibilidad necesaria para brindar oportuno socorro por medio de sus obras de ayuda humanitaria, donde las circunstancias lo demanden,, y por eso, el Almacén de la Iglesia es un principio básico establecido en sus fundamentos, y el recordatorio permanente de que el amor al prójimo y la solidaridad, son principios que deben caracterizar a todo SUD, y enseña que los Obispos tienen el deber de buscar las necesidades que requieren ser cubiertas (DyC 84:112).

“Y he aquí, amados hermanos míos, os digo que no penséis que esto es todo; porque si después de haber hecho todas estas cosas, volvéis la espalda al indigente, y al desnudo; y no dais de vuestros bienes, si los tenéis, a los necesitados, os digo que si no hacéis ninguna de estas cosas, he aquí, vuestra oración es en vano y no os vale de nada, y sois como los hipócritas que niegan la fe” Alma 34:28 (El Libro de Mormón).

En Lucas 10:25-37, Jesucristo nos brinda un ejemplo de amor al prójimo. Un judío profundamente necesitado, es socorrido por un samaritano, (de la nación que justamente los judíos más despreciaban).

Un Santo de los Últimos Días, tiene la ley del amor escrita en su corazón, y al Santo Espíritu morando en su ser. Por eso ama también al prójimo como a sí mismo, sin hacer distinciones, reconociendo que ha sido amado por el Salvador, cuando todavía era su enemigo y estaba en rebeldía, conduciéndolo al arrepentimiento y la conversión.

Por eso también reconoce la necesidad de socorrer a quien esté en necesidad y aflicción, por medio del plan de ayuda humanitaria establecido por su Iglesia.

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